NO
No es no y hay una sola manera de decirlo.
No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto.
No.
Se dice una sola vez,
No
Con la misma entonación,
No.
Como un disco rayado,
No.
Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
No, tiene la brevedad de un segundo.
Es un No, para el otro porque ya fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí
No, no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo se pongan patas para arriba.
No, es el último acto de dignidad.
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia el otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es No, porque no.
Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.
La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección al futuro.
Y sólo quien sabe decir No, puede decir SÍ.
“En nombre del AMOR “
Hugo Finkelstein
miércoles, 25 de julio de 2007
jueves, 12 de julio de 2007
Historia del mono número cien
Durante más de treinta años se ha observado a los monos japoneses de la especie Macaca fuscata, en estado salvaje.
EN 1952, en la isla de Koshima, los científicos suministraron a los monos batatas que tiraban en la arena.
A los monos les gustaba el sabor de las batatas crudas, pero les molestaba que estuvieran sucias de arena.
Una hembra de dieciocho meses llamada Imo descubrió que, si lavaba las batatas en un arroyo cercano, el problema desaparecía. Imo enseñó este truco a su madre.
Sus compañeros de juegos también aprendieron este nuevo sistema y, a su vez, lo enseñaron a sus madres. Esta innovación cultural fue aprendida gradualmente por varios monos ante los ojos de los científicos.
Entre 1952 y 1958, todos los monos jóvenes aprendieron a lavar las batatas sucias de arena para que fueran más agradables al paladar.
Los adultos que imitaron a sus crías aprendieron esta mejora social, pero el resto de los adultos continuaron comiendo las batatas sucias.
Entonces ocurrió algo sorprendente. En el otoño de 1958, un determinado número de monos de Koshima, aunque no se sabe con certeza el número exacto, estaba lavando las batatas.
Supongamos que una mañana, al empezar el día 99 monos, de la isla de Koshina habían aprendido a lavar las batatas.
Supongamos también que, más tarde, esa mañana, el mono número cien aprendió a lavar batatas.
¡ENTONCES SUCEDIÓ!
Aquella misma tarde, casi todos los componentes de la manada lavaban sus batatas antes de comérselas.
¡De algún modo, la energía adicional del mono número cien provocó una transformación ideológica!
Pero fíjate!
Lo más sorprendente que aquellos científicos observaron fue: el hábito de lavar batatas saltó al otro lado del mar.
¡Colonias de monos de otras islas y las manadas de monos de Takasakiyama, en el continente empezaron a lavar las batatas*
Por lo tanto, cuando un número crítico de componentes adquiere conciencia de algo, esta nueva conciencia puede transmitirse de mente a mente.
Aunque el número exacto pueda variar, el Episodio del número cien, significa que cuando sólo un número limitado de personas son conscientes de algo nuevo, esta novedad puede continuar siendo conocimiento exclusivo de esas personas.
¡Pero hay un punto en el que sólo con que UNA Persona más se sume a esa nueva conciencia, cierto campo se refuerza y entonces casi todo el mundo adquiere ese conocimiento!**
De Ken Keyes Jr
• Lifetide, Lyall Watson, Bantam Bools, 1980, pp147,148. Este libro contiene otros detalles fascinantes. El mono numero cien. Ediciones Luciérnaga. Noviembre de 1999.
EN 1952, en la isla de Koshima, los científicos suministraron a los monos batatas que tiraban en la arena.
A los monos les gustaba el sabor de las batatas crudas, pero les molestaba que estuvieran sucias de arena.
Una hembra de dieciocho meses llamada Imo descubrió que, si lavaba las batatas en un arroyo cercano, el problema desaparecía. Imo enseñó este truco a su madre.
Sus compañeros de juegos también aprendieron este nuevo sistema y, a su vez, lo enseñaron a sus madres. Esta innovación cultural fue aprendida gradualmente por varios monos ante los ojos de los científicos.
Entre 1952 y 1958, todos los monos jóvenes aprendieron a lavar las batatas sucias de arena para que fueran más agradables al paladar.
Los adultos que imitaron a sus crías aprendieron esta mejora social, pero el resto de los adultos continuaron comiendo las batatas sucias.
Entonces ocurrió algo sorprendente. En el otoño de 1958, un determinado número de monos de Koshima, aunque no se sabe con certeza el número exacto, estaba lavando las batatas.
Supongamos que una mañana, al empezar el día 99 monos, de la isla de Koshina habían aprendido a lavar las batatas.
Supongamos también que, más tarde, esa mañana, el mono número cien aprendió a lavar batatas.
¡ENTONCES SUCEDIÓ!
Aquella misma tarde, casi todos los componentes de la manada lavaban sus batatas antes de comérselas.
¡De algún modo, la energía adicional del mono número cien provocó una transformación ideológica!
Pero fíjate!
Lo más sorprendente que aquellos científicos observaron fue: el hábito de lavar batatas saltó al otro lado del mar.
¡Colonias de monos de otras islas y las manadas de monos de Takasakiyama, en el continente empezaron a lavar las batatas*
Por lo tanto, cuando un número crítico de componentes adquiere conciencia de algo, esta nueva conciencia puede transmitirse de mente a mente.
Aunque el número exacto pueda variar, el Episodio del número cien, significa que cuando sólo un número limitado de personas son conscientes de algo nuevo, esta novedad puede continuar siendo conocimiento exclusivo de esas personas.
¡Pero hay un punto en el que sólo con que UNA Persona más se sume a esa nueva conciencia, cierto campo se refuerza y entonces casi todo el mundo adquiere ese conocimiento!**
De Ken Keyes Jr
• Lifetide, Lyall Watson, Bantam Bools, 1980, pp147,148. Este libro contiene otros detalles fascinantes. El mono numero cien. Ediciones Luciérnaga. Noviembre de 1999.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
